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Mostrando las entradas etiquetadas como Arquitectura

PONGA UN SMITH EN SU VIDA

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Hoy traemos a colación a un arquitecto importante que dejó su huella en Barakaldo: Manuel María Smith. Con ese apellido los más listos ya podrán adivinar que su árbol genealógico no era de larga tradición en Las Encartaciones. En efecto, su familia era de origen irlandés, donde ser Smith es como ser García en Albacete. Tan fuerte era el influjo irlandés que ya de cuna parecía obligado a ser en nuestra tierra uno de los adalides del estilo inglés. Ya sé que no es lo mismo, pero estamos hablando, al fin y al cabo, de unos isleños que hablaban raro. A comienzos del siglo XX, desde los “meetings” políticos al “football”, todo lo que venía en la lengua de Shakespeare tenía predicamento en Bizkaia, fueras un currela del populacho o de la más rancia alta cuna. Así, muchos ricos, que me da que eran un poco “snobs”, recurrieron al bueno de Smith para que les diseñara sus residencias más ostentosas. Y los ricos eran los que mandaban en las empresas más importantes. Y la empresa más importante ...

CHRISTOPHER WREN (1632 – 1723)

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Supe de Sir Christopher Wren al ver un reportaje sobre la londinense catedral de San Pablo, que era una de las pocas iglesias que conocía sin ir a Inglaterra, un poco menos famosa que esa Abadía de Westminster, tan vista con los fastos de Isabel II. Llamándose Christopher no desentonó haciendo iglesias, pero es que resultó que el señor Wren -que tuvo una larga vida de noventa años bien aprovechados- además de a la arquitectura, se dedicó a las mates, a la geometría o a la astronomía, entre otras enrevesadas materias. Parecido a mí de versátil, que lo mismo me dedico al ciclismo, al fútbol, al baloncesto o al tenis… desde la televisión de la sala. Se me alargaría mucho esta entrada si pormenorizara sus logros, por lo que os emplazo a la wiki si tenéis un mínimo de curiosidad. Diré brevemente, que si sus estudios han quedado opacados por el inexorable avance de la ciencia, su obra arquitectónica, que voy a calificar de magna, perdura. Todas las fotos que voy a poner son mías, salvo la de...

LA ÚLTIMA PUERTA. CASTO DE ZAVALA.

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Hasta que algún impío inventó eso de la incineración, la última puerta que pasaba un ser humano solía ser la del cementerio. En Barakaldo, que yo sepa, tenemos dos: el de San Vicente y el de El Regato, siendo el primero el principal. Pues bien, ambos dos son obra del mismo arquitecto, Casto de Zavala (así, escrito con V). Debo hacer constar que hasta no hace tanto, pensaba que el tal Casto era el autor del retablo mayor de la iglesia de San Vicente, donde se casaron mis padres y, treinta años después, yo mismo. En la de mis padres no estuve invitado, pero como en la que hice de protagonista no sabía bien si admirar la belleza del retablo o la de la novia, me quedó cierta confusión. Casto de Zavala, Casto de Zavala… resonaba como lejano eco en mi mente. El flash del fotógrafo me hizo reaccionar: “Sí quiero, sí, sí quiero”, alcancé a decir mientras el cura ya me empezaba a mirar extrañado y mi ya mujer resoplaba. Años después, al querer hacer esta entrada, me entero de que Zavala lo que...

DE MADRID AL CIELO

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La primera vez que pisé Madrid fue porque el coche de mi padre se recalentó al atravesar dicha ciudad, camino de Torremolinos. Tenía diez años y los únicos pasos que di fueron en un solar donde aparcamos en espera de que se enfriara el automóvil. Tuvieron que pasar quince años para que volviera a hollar la urbe madrileña. En esta ocasión, me tomé un café en una parada obligada por ser ciudad de tránsito en otro viaje. Tres años después, por fin, la visité durante tres días, que me supieron a poco. Luego, a un amigo le destinaron a las afueras de la capital, gracias a lo cual pudimos ir, una vez al año, a coste cero en alojamiento, que es un coste bastante asequible. Pero el citado amigo se liberó de su exilio madrileño al poder escoger un destino en Bizkaia. ¡Vamos, que se nos acabó el chollo! No obstante, echando la vista hacia atrás, veo que casi todos los años (antes de la pandemia, claro), por una u otra excusa, acabamos yendo unos días a Madrid. Esta ciudad me encanta, posiblement...